«Siempre he bailado, desde que tengo memoria. La danza es una historia de familia tanto como la historia de mi pueblo. Un patrimonio cultural inmaterial que me acompañó hasta París.»

«Siempre he bailado, desde que tengo memoria. La danza es una historia de familia tanto como la historia de mi pueblo. Un patrimonio cultural inmaterial que me acompañó hasta París.»
Un arte que respeto, sin miedo a hacerlo evolucionar, sin miedo a traicionarlo, todo ello para crecer mejor con él.
Soy tahitiana, soy parisina, pero ante todo soy bailarina.

Al convertirme en profesora de danza pude a mi vez compartir los aprendizajes de los que me había beneficiado. Primero como alumna, en el Conservatorio Artístico de Tahití, luego como bailarina, de los Grands Ballets de Tahití hasta la bailarina que soy hoy.
Porque la pedagogía, como la danza, se consolida con el tiempo y se nutre de las experiencias, tanto del escenario como de la vida.
Para mí es esencial mantenerme curiosa, buscar constantemente mejorar como bailarina y, por ende, como profesora de danza.
Hoy tengo la suerte de enseñar a una comunidad de más de 400 «Ori Addicts».
400 apasionadas de todas las edades, orígenes y nacionalidades que, a medida que avanzan en los cursos, adquieren los fundamentos del 'Ori Tahiti y desarrollan su personalidad y su confianza en sí mismas.
Estoy atenta a sus progresos y me nutro de sus miradas. La danza nos une — es un patrimonio cultural del que me siento extremadamente orgullosa de compartir. Y me alegra igualmente poder encarnar ese vínculo entre mis alumnas y la Polinesia. Porque la danza es un lenguaje universal que elimina fronteras.
Formo parte de una gran comunidad que trabaja tanto para celebrar el pasado de esta danza como para asegurar su futuro, para velar por su difusión en el respeto de sus orígenes.
Existen muchas formas de Ori Tahiti pero todas beben de esta fuerza vital de la danza, de sus raíces espirituales, para transmitir emociones intensas y trascender al público, a imagen de los primeros bailarines de 'Ori Tahiti.

Juntas, velamos todas por celebrar los valores profundos de esta danza, valores que han atravesado los siglos y que nunca han sido tan actuales.
Los de mujeres fuertes que asumen su feminidad, su fragilidad tanto como su valentía.